Cuando incluimos Mobile First en nuestro manifiesto, estábamos a punto de cruzar un punto de inflexión.
Los datos de analítica apuntaban a que en uno o dos años el móvil desbancaría al ordenador de sobremesa como plataforma dominante. Los diseñadores web con visión se preguntaban: “¿Por qué esperar?” Si la vida útil de un sitio web era de tres a cinco años, había que diseñar ahora mismo para una audiencia mayoritariamente móvil. Adoptamos el diseño “responsive” como estándar en 2010. En 2013, ya considerábamos el móvil el caso de uso principal.
Todo empezó con nuestro sitio web para Royal Albert Hall, que llegó a aparecer en el Responsive Design Podcast de Ethan Marcotte, el hombre que acuñó el término “diseño responsive”.
En 2017 el punto de inflexión ya quedó atrás. El tráfico móvil representa el 60% de las visitas al sitio web de un cliente típico. Ese 60% incluye tanto tablets como teléfonos, aunque incluso esta distinción empieza a difuminarse a medida que los teléfonos crecen y las tablets menguan.
La línea entre mi navegador móvil, mi app de Facebook y mi tarjeta de crédito se está borrando.
¿Qué significa diseñar mobile first? Pues no es solo meter todo en una columna larga y estrecha que se desplaza hacia abajo. Sobre todo si eso hace que mi portátil parezca un teléfono gigante, con mis píxeles malgastados en tipografías enormes y hero-images que no caben del todo en la ventana sin hacer scroll.
Nuestra forma de interactuar con los dispositivos móviles es distinta. Son personales, sociales e interactivos. La línea entre mi navegador móvil, mi app de Facebook y mi tarjeta de crédito se está borrando. Mi mundo digital empieza a orbitar a mi alrededor, a través de un ecosistema de plataformas de apps conocidas y amigables, y las presencias móviles que diseñamos para nuestros clientes tienen que infiltrarse en ese ecosistema como buenos ciudadanos.
Las interfaces tienen que simplificarse. Pero nuestras expectativas sobre las interacciones con marcas —desde promociones, confianza y seguridad hasta fidelización, reconocimiento y compartición— son cada vez más complejas.
Otra forma de verlo: la experiencia de usuario tiene que ir a buscar a tus clientes, en contexto, anticipándose a sus necesidades, en lugar de esperar que sean ellos quienes den el primer paso.
Por ejemplo:
-
Si mi teléfono ya se autentica con Apple, Google y PayPal, ¿de verdad necesito registrarme contigo? ¿No puedes coger lo que necesitas de ellos directamente?
-
¿De verdad me vas a mandar un PDF con mis entradas por email, o pueden aparecer directamente en mi cartera virtual?
-
¿Esperas en serio que me fíe de tu página “Cómo llegar” antes que de la app de Mapas de mi teléfono, con sus indicaciones en tiempo real?
-
¿Seguro que voy a visitar tu sección “Ver y escuchar”, cuando todo el vídeo viene a buscarme en una app llamada YouTube que ya sabe lo que me gusta?
-
¿Vas a desperdiciar mi valioso espacio en pantalla con texto explicando por qué esta interacción no tiene sentido, o simplemente vas a eliminar esa función redundante que es la raíz del problema?
Para dar soporte a la interacción móvil, las interfaces tienen que simplificarse. Pero nuestras expectativas sobre las interacciones con marcas —desde promociones, confianza y seguridad hasta fidelización, reconocimiento y compartición— son cada vez más complejas. Es un reto de diseño enorme. Mucho más serio que encajar contenido en una ventana estrecha.
Me gusta tanto por lo que no hace como por lo que hace.
Mi experiencia “Mobile First” favorita es la app de Hotel Tonight. Me gusta tanto por lo que no hace como por lo que hace. La experiencia es tan enfocada, personal y cómoda que difícilmente podría existir fuera del ámbito móvil. La interfaz es visual, sencilla y fácil de navegar con el pulgar. Las llamadas a la acción son claras e inconfundibles. Solo pide la información estrictamente necesaria, y la recuerda. Tu fidelidad tiene recompensa, pero no tienes que trabajar para conseguirla memorizando un acceso especial de socio. De hecho, siempre ha usado mi login de Facebook, y casi nunca necesita pedirlo.
Aplica ese enfoque a la experiencia de reservar un concierto:
-
Normalmente son dos entradas. ¿Puedes preseleccionar dos y que sea fácil cambiarlo?
-
También puedes mostrar por defecto la primera noche disponible. Ya buscaré si no me viene bien.
-
No hace falta que me identifiques. Facebook tiene mis datos.
-
Dame los mejores asientos que puedas en mi rango de precio; ya cambiaré si quiero después de comprar.
-
PayPal o Apple Wallet tienen mi tarjeta, mi dirección de facturación y la de envío.
-
Puedes meter las entradas en la pestaña Mis conciertos, junto con las opciones de mejora de asiento y la información que necesito saber.
El diseño mobile-first significa, en realidad, hacer menos y pensar bien lo que hacemos. ¿Estamos mejorando la comodidad? ¿Permitimos que nuestros usuarios hagan más sin aumentar su carga cognitiva? ¿Encajamos en su vida digital? ¿O seguimos esperando que sean ellos quienes hagan todo el trabajo por nosotros?
Lecturas recomendadas
-
Responsive Web Design: desde su revolucionaria publicación en 2011, este libro sigue siendo un recurso fundamental para cualquiera que trabaje en la web.
-
Mobile First: Luke Wroblewski, antiguo arquitecto de diseño en Yahoo!, sabe más sobre experiencia móvil que el resto de nosotros juntos, y lo vuelca todo en esta guía entretenida y directa al grano.
-
Responsive Web Design Podcast: ¿quién visita el Royal Albert Hall desde el móvil? Louise Halliday y Jake Grimley explican que diseñar mobile-first significa un sitio web que funciona mejor para todo el mundo.
-
Hotel Tonight: reservar hoteles de primera a precios de última hora en el móvil nunca fue tan fácil.
El mes que viene: Show Don’t Tell